Los cuatro musicos plasman, desde su condición de francotiradores, notables maneras de abordar el arte de la canción pop. Escribimos sobre sus nuevos discos hace unos días en Cartelera Turia.

La ausencia de expectativas comerciales comporta dos aspectos muy positivos: la libertad para atreverse a probar cualquier cosa y el sentido del humor, incluso el que sabe reírse de uno mismo. Que es el más saludable. Esos serían los dos rasgos comunes a estos cuatro músicos valencianos – bueno, uno de ellos es madrileño, pero ya valenciano casi de adopción – que acaban de editar cuatro álbumes como cuatro soles, todos ellos notables.

El primero de estos inclasificables francotiradores es Luis Prado, el eterno líder de los sobresalientes Señor Mostaza, quienes no se juntan desde hace más de cuatro años porque les resulta mucho más práctico (contradiciendo el título de su segundo álbum) y rentable – y lo que te rondaré tras estos tiempos de ruina escénica – seguir aferrándose a sus labores como músicos en las bandas de La Casa Azul, Quique González, M Clan o Miguel Ríos, al margen de otras ocupaciones con las que también pagar las facturas. Por suerte, las canciones de Prado en El tsunami emocional (Hall of Fame) son igual de chispeantes, ingeniosas y melódicamente perspicaces que las de cualquier otro foco de su discografía, si acaso con algunos detalles (el vocoder en “Todo está decidido”, los sintetizadores al inicio de  “Una última vez no importa”) que pueden llegar a recordar a la E.L.O. de discos como Twilight (1981), por sumar algún otro nombre a ese devocionario particular en el que no pueden faltar los Beatles, Ben Folds o Randy Newman, sobre todo – en el caso de este último – por esa aguda sorna que transmiten textos como “Te vi terraplanista”, “Secta para dummies” o  “Vals del montón”, disecciones de la realidad a través de los ojos de alguien de la generación X – aunque nos reviente la letrita – con quien no nos cuesta identificarnos a quienes andamos entre los cuarenta y los cincuenta tacos. La perplejidad ante la vida moderna transformada en enormes canciones.

Lo avanzábamos: esa socarronería de quien ya tiene una edad y sabe que la música es más una necesidad creativa que una ventana a nada que se parezca a aquello que una vez entendimos como éxito la comparte también, desde un prisma más ácido, el también valenciano Samuel Reina, quien por fin ha entregado ese gran disco que quienes les descubrimos con el apreciable Alarms (2016), y luego nos quedamos impresionados con su sobresaliente paso por el concurso Vinilo Valencia de hace cuatro años, esperábamos. Lo ha hecho precisamente en las circunstancias teóricamente más adversas: confinado, sin banda, sin sello ni productor. Su voz, su guitarra acústica y poco más. Prohibido hacer fuego (Autoeditado) es un disco fascinante, una reinvención en toda regla, en la que a veces suena como nuestro Bill Callahan o incluso como nuestro Nacho Umbert, aunando letras y melodías soberbias, sacando por fin todo el partido a su privilegiada voz (grave cuando lo necesita, o recurriendo estupendamente al falsete en “Pa siempre es mi corona”, “Niño de cristal” o “Réquiem para algún colega”). Recurramos al tópico, sí: es su trabajo más personal, el más singular. El menos ligado a cualquier cajón estilístico. Y el mejor de los tres, sin duda.

La guasa que transpira su “Mientras España me olvida” es muy similar a la que se gasta Gonzalo Fuster, o sea El Ser Humano, consigo mismo en “Etcétera”, una de las mejores canciones de un nuevo disco – el séptimo en ocho años, si no nos fallan las cuentas, casi a uno por ejercicio – simplemente bautizado como Las diez nuevas canciones de El Ser Humano publicadas en 2021 (Belamarh), y que bien podría competir por ser su mejor entrega con los tres EPs que desveló hace tres años. ¿A quién se parece El Ser Humano? Pues prácticamente a nadie, aunque a uno le parezca advertir la influencia de Alberto Montero (se trama una alianza entre ambos) en “Soledad”, uno de sus mejores cortes junto a “Espacio” y la ya mentada “Etcétera”. Otro disco muy doméstico, por cierto, en línea con estos tiempos, solo asistido en batería y coros (por Juan Terol y Patricia Roca). Y otra forma de siluetear el perfil de otro cantautor felizmente inclasificable.

Y finalizamos con otro músico de singladuras impredecibles, Antonio José Iglesias, metido desde hace años en Dwomo y en mil aventuras más, quien con su proyecto Revisionista se ha encomendado a la tarea de hacer versiones de grandes clásicos del pop: el “Learning To Fly” de Tom Petty o el “Tiempos nuevos, tiempos salvajes” de Ilegales en clave de folk levitante en valenciano, el “Ashes to Ashes” de David Bowie en lectura tropicalista o el “Tubular Bells” de Mike Oldfield pasado por el tamiz del dub. Relecturas más que nutritivas, aunque solo fuera porque llevan a los originales a una dimensión completamente distinta, lejos del mimetismo hueco o de la apocada reverencia.

Luis PradoEl tsunami emocional (Hall of Fame)

Samuel ReinaProhibido hacer fuego (Autoeditado)

El Ser Humano – Las diez nuevas canciones de El Ser Humano publicadas en 2021 (Belamarh)

Antonio J. Iglesias – Revisionista (Autoeditado)

Carlos Pérez de Ziriza.

Publicado por ziriza73

Soy periodista cultural. Escribo en El País, Efe Eme, Mondosonoro, Cartelera Turia, el Hype, Beat Valencia, Música Dispersa y GQ España. Colaboro en À Punt. Escribo libros sobre música pop.

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