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Esta es la crítica del concierto que ofrecieron Llum hace unos días en el Loco Club de València, publicada en las páginas de la Cartelera Turia. Las fotos son de Juan A. Pardo.

Jesús Sáez, en un momento del concierto de Llum en el Loco Club (Foto: Juan A. Pardo)

Parece fácil

Manejo para mí mismo una teoría de pacotilla (porque es tan elemental que roza el Perogrullo) según la cual los músicos más diestros, al menos los que más podrían despuntar por su singularidad, son aquellos que tienen más cultura musical. Parece lógico, ¿no? Aunque tampoco debería ser así al cien por cien: la intuición en estado puro, el genio, el talento innato con el que se nace o no se nace, también juegan un papel esencial. No es solo acumular discos con incurable ánimo de Diógenes o saberse al dedillo la discografía de los clásicos. Cuento esto a propósito del concierto de Llum en el Loco Club, largamente aplazado por la pandemia porque la edición de su disco, entre la primavera y el verano de 2020, no pudo tener traducción digna al escenario hasta ahora. Jesús Sáez, su alma mater, es uno de los tipos con más cultura musical que conozco. También uno de los que albergan menos prejuicios. Y lo supo plasmar estupendamente cuando escribía varias páginas semanales en el diario Las Provincias o cuando colaboraba en la extinta revista Go Mag; también en esta misma Cartelera Turia en alguna ocasión en que un servidor no ha podido acogerse al imposible don de la ubicuidad del mismo cuerpo: recuerdo ahora su crítica de un concierto de Bob Dylan en la Fira de Juliol en estas páginas, mientras yo (creo recordar) andaba cubriendo un FIB. Hace quince años de esto. Igual hasta me repito.

La banda al completo, en pleno crescendo (Foto: Juan A. Pardo)

Su segundo álbum, Los años líquidos (Discos de Paseo, 2020), fue una delicia de pop artesanal, y demostró que, además, Jesús también va sobrado de buen gusto y clase. Es uno de esos trabajos que conjugan el indie pop cuando era indie pop, el swing, el registro crooner, los sonidos fronterizos o los ritmos de la Motown en un mismo volumen. Todos bien redondeados. Y con la virguería de portada de Virginia Lorente. Y en castellano, inglés y valenciano. Demasiados estilos y demasiadas lenguas barruntadas en un mismo disco para estos tiempos de consumos de nicho, estratificados, tan de trinchera. Soy consciente también de que su voz no es del agrado de todo el mundo, y eso puede jugar en su contra: voz profunda, muy a lo Jens Lekman, Stephin Merritt o Jonathan Richman, pero sin su ductilidad. Tampoco tiene su mismo rodaje, obviamente. Pero su concierto del Loco Club, con los ex Arthur Caravan Pablo González, Toni Blanes y Jordi Richart (al teclado, batería y bajo), fue plenamente convincente y supo a victoria. De andar por casa – él lo sabe de sobra –, de consumo (lamentable e ¿inevitablemente?) minoritario, de acuerdo, pero perfectamente apto y disfrutable para cualquiera que haya tenido las orejas bien abiertas al pop más inquieto y elegante de los últimos sesenta años. Parece fácil, ¿no? Pues no lo es. Ni facturarlo ni difundirlo con cualquier clase de retorno.

Carlos Pérez de Ziriza.

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Publicado por ziriza73

Soy periodista cultural. Escribo en El País, Efe Eme, Mondosonoro, Rockdelux, Cartelera Turia, el Hype, Beat Valencia, Plaza, Lletraferit, Música Dispersa y GQ España. Colaboro en À Punt. Coordino mussica.info. Escribo libros sobre música pop.

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