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Así es como vimos a Jesse Malin a su paso por el Loco Club de València. Lo contamos en la Cartelera Turia. Fotos de María Carbonell.

Corazón de rock and roll

Son la actitud, el corazón y el oficio. Sobre todo, esas tres cosas. Jesse Malin no va a descubrirnos la complejidad del mecanismo de la rueda, pero se ganó en un par de minutos el apego incondicional de la parroquia del Loco, como hizo en la misma sala hace seis años o antes en Wah Wah o en la antigua The Mill (lo que que luego fue La3). Hay en su figura parte de los tópicos que rodean al songwriter norteamericano desde los tiempos de Bruce Springsteen: el individualismo feroz, la querencia por la épica callejera y el marchamo de autenticidad, ese discurso que se teje entre cazadoras de cuero parcheado, pelos encrespados y una estética que parece medidamente desmañada, en su caso con pedigrí netamente neoyorquino, y con el lujo de que sean el propio Springsteen, Ryan Adams, Jakob Dylan o Josh Homme algunos de los célebres avalistas de una propuesta que posiblemente merezca más eco, desde los mismos tiempos de D Generation, su anterior banda.

Derroche de entrega innegociable (Foto: María Carbonell)

Pero nadie le puede negar a este juglar urbano su rutilante capacidad para ganarse estupendamente las lentejas, a sus 54 años espléndidamente llevados, dando muestras de una versatilidad a prueba de todo tipo de giras y madurando una vis de entertainer que le llevó a no aguantar más de diez minutos seguidos sobre el escenario (bajó a mezclarse entre el público a la tercera canción, creo) y a reivindicar la doctrina política de George Clinton y sus Funkadelic (la del disco Free Your Mind and Your Ass Will Follow, tras bromear sobre Billy Bragg) como mejor filosofía posible en tiempos tan podridos como los que vivimos. Tiene tan somatizados los roles del rockero del último tramo del siglo XX (la balada, el medio tiempo, el arrebato punk rock) que el capítulo de las versiones que suele abordar (“If I Should Fall From Grace With God” de The Pogues, “Do You Remember Rock and Roll Radio?” de Ramones o “Rudie Can’t Fail” de The Clash: las tres también cayeron hace seis años) se antoja algo redundante, subrayando su condición de entregado obrero del rock, tan músico como fan. Con todo, un concierto igual de apañado que el último, realzado por los cortes del estupendo Sad and Beautiful World (2021), pero aún más hirviente por esa estrecha y entregada comunión entre músico y público tras dos años de miseria escénica.

Carlos Pérez de Ziriza.

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Publicado por ziriza73

Soy periodista cultural. Escribo en El País, Efe Eme, Mondosonoro, Rockdelux, Cartelera Turia, el Hype, Beat Valencia, Plaza, Lletraferit, Música Dispersa y GQ España. Colaboro en À Punt. Coordino mussica.info. Escribo libros sobre música pop.

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