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Así es como vimos el concierto de M. Ward hace unos días en el Teatre El Musical de València, en crítica publicada en la Cartelera Turia. Fotos de María Carbonell.

Conjuro en la intimidad

El norteamericano Matthew Stephen Ward sigue guardando la llave a buen recaudo para lograr que su simbiosis de blues, folk, country y pop siga sonando a una dimensión paralela, entre lo vintage y lo onírico. Lo que no esperábamos es que en el último de sus ocho conciertos españoles, que fue el valenciano (dos años después de lo previsto y aplazado por la pandemia), revelase una inédita vis de entertainer, todo desarmante y cálida afabilidad, combinando inglés y un voluntarioso pero pintoresco castellano, a años luz del hieratismo de su última visita, con banda, hace ocho años en el Loco Club. Se nota, como nos decía en una reciente entrevista, que la sequía escénica le ha hecho apreciar más que nunca la cercanía con el público, sobre todo el europeo.

Y también se nota que es un tipo inteligente que sabe seleccionar sus mejores cartas sin necesidad de presentar dos últimos álbumes (los que editó en 2020) que ya quedan más lejos que el próximo, que será en 2023. No faltó prácticamente ninguna de sus gemas: su versión del “Let’s Dance” de Bowie (2003) o del “Rave On” de Buddy Holly (2009), que con su loop de guitarra fue de lo mejor de la noche, sin olvidarse de “Fuel For Fire” (2005), “For Beginners” (2009), “I Get Ideas” (2012) y, sobre todo, el contingente del magistral Post War (2006): “Poison Cup” (2006), “Chinese Translation” (2006), “Rollercoaster” (2006) o “Eyes On The Prize” (2006).

Seduciendo con lo puesto (Foto: María Carbonell)

Extremadamente diestro en el manejo de la guitarra acústica, que fue su única compañía junto a una copa de vino blanco y una lamparita que confería al escenario un aire de relajada intimidad, como si nos recibiera en el salón de su casa, y dominador de una ajada pero evocadora garganta que es signo distintivo, M. Ward se metió al público en el bolsillo a base de carisma, destreza y un repertorio deslumbrante. No es fácil cuando se está una hora y media sin más compañía sobre las tablas. Y nos regaló tres generosos bises, uno de ellos junto a Fario, el dúo madrileño compuesto por Montse Sánchez y Javi Luengo, que con su pausado folk pop de duermevela (en algún punto ilocalizable entre el slowcore y la canción de autor transoceánica) amenizó la espera en calidad de teloneros.

Carlos Pérez de Ziriza.

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Publicado por ziriza73

Soy periodista cultural. Escribo en El País, Efe Eme, Mondosonoro, Rockdelux, Cartelera Turia, el Hype, Beat Valencia, Plaza, Lletraferit, Música Dispersa y GQ España. Colaboro en À Punt. Coordino mussica.info. Escribo libros sobre música pop.

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